Mi huerto: salsa de tomate

El objetivo de hacer un huerto cubierto fue el de tener productos de verano en invierno y asegurarme de que los de verano se diesen sí o sí, dados los imprevisibles y no siempre soleados veranos gallegos.
Pues bien, el resultado ha sido tan increíble y mis plantas tan prolíficas, que estamos a mediados de octubre y sigo teniendo tomates, berenjenas y pimientos… tanto que estoy empezando a pensar que mi huerto es inmortal… Así que yo sigo con mi huerto de verano y los semilleros esperando para hacer el relevo!
El caso es que el rendimiento de mi huerto “indoors” me ha llevado a seguir conservando… Tan sencillo como seguir aprovechando los productos “ahora que tengo muchos para cuando no haya”.
Ése es, ni más ni menos, el poder que tiene la congelación; ¡tan antiguo y tan útil! Así que esperando poder daros alguna idea, os escribo mi lista de congelados de este mes:
-Cinco bolsitas de tomates cherry. Como una vez descongelados, los tomates no sirven para tomar crudos, yo los utilizo para guisos o para cualquier comida de puchero de otoño-invierno.
-Pimientos cortados en tiras, para ser utilizados también como base de cualquier sofrito.
-Un par de bolsitas de hinojo. Los que viváis, como yo en Galicia, sabéis que esta planta nace y crece como una hierba mala, cuando menos te lo esperas y sobre todo dónde no la esperas. Sin embargo esta hierba donde sí queda bien es aderezando cremas, salsas, guisos o castañas cocidas.
-Varias bolsitas de moras, ¡cómo no! Tengo que decir que me costó renunciar a dedicarlas a más mermelada pero pensé que también quedarían bien en algún pastel, así que cuando veáis alguno hecho o adornado con moras, ya sabréis su procedencia!
Otra manera de conservar el excedente de tomate es la de hacer salsa de tomate casera, en este caso doblemente casera, por estar hecha por mí y por ser míos los tomates.
Hay muchas maneras de hacer salsa de tomate; no siempre hago la misma pero esta vez me he decantado por ésta:

INGREDIENTES:
-1 kg de tomates
-1 cebolla grande
-aceite de oliva
-albahaca fresca
-sal
-una cucharada de azúcar

-Con un cuchillo afilado hacemos una incisión en forma de cruz a los tomates (tranquilos, que no es para practicarles la extrema unción antes de morir sino para que resulte después más fácil pelarlos!) y los escaldamos durante un par de minutos en agua hirviendo.
-En una olla con un fondo de aceite rehogamos la cebolla.
-Añadimos sal.
-Pelamos los tomates y los rehogamos junto con la cebolla, aproximadamente durante una media hora.
-Añadimos las hojas de albahaca cortadas muy finitas (la cantidad dependerá de cuánto queramos que sepa a albahaca).
-Rectificamos de sal, si fuese necesario.
-Añadimos la cucharada de azúcar para neutralizar la acidez de los tomates.
-El quitarle o no las semillas a los tomates dependerá de si nos molesta encontrárnoslas en la salsa o no. Si no las queremos, utilizaremos un pasapurés de los de toda la vida.
-Para que se pueda conservar durante meses, habremos esterilizado previamente los tarros, hirviéndolos durante 10 minutos.
-Vaciamos la salsa en los tarros y cubrimos la parte de arriba con una película de aceite.
-Cerramos los tarros con fuerza, los metemos en una olla y los mantenemos en agua hirviendo durante 20 minutos.
¡Seguramente no es de las cosas más sofisticadas que podemos cocinar pero sí es un auténtico lujo poder tomar nuestra propia salsa de tomate cualquiera que sea la época del año!

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